Archive for the ‘Experiencia del bicentenario (México)’ Category

VISTIENDOSE DE VERDE BLANCO Y ROJO

Por Carlos Mendoza

 

BANDERA MEXICO

 

15 septiembre de 2010, 200 años de ser orgullosamente mexicanos, un día en el que la mayoría de las personas se visten de verde blanco y rojo, o bien portan la bandera mexicana de alguna forma; pero una celebración de 200 años de una “independencia” merecía “tirar la casa por la ventana”.

A todos les emocionaba el 15 de septiembre, pero mas que por el Bicentenario y los que estos doscientos de independencia representaban, por el magnifico puente que se nos otorgaba por esta celebración.

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Adelita festeja el Bicentenario en Mérida

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Como pocas veces en mi vida, este pasado 15 de Septiembre viajé a otro estado de la República para festejar el gran evento. Mi vuelo a Mérida fue a las 12 del día, llegué allá para comer y entre preparativos y pre-festejos no hubo ni tiempo para descansar antes del festejo. El plan fue una fiesta casera en la noche, antes fui a casa del novio de mi amiga, donde ella y yo nos disfrazamos de Adelitas, eran vestidos blancos que convertimos en disfraces, con cinturones y trenzas creamos una imagen perfecta de Adelita. A las 8:30 nos encaminamos  a la fiesta. Eran las 9 y entrando a la fiesta, que se llevó a cabo en la casa del tío del novio de mi amiga, noté dos ponies y un venado que tenían disfrazados de caballos de batalla y un, la imagen era demasiado exótica, nunca me imaginé encontrarme con tanta originalidad, era una fiesta perfecta. Todos estaban disfrazados, entre ellos se encontraban varios Panchos Villa, una Josefa, otras Adelitas y algunos Mariachis. Había invitados de todas las edades y de todas partes de la republica pero la mayoría eran Yucatecos.

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15 de septiembre 2010: Crónica de una lágrima gris…

Por Daniel Pradilla de Bedout

Estoy sentado en la cama de un hospital. No soy el paciente. Soy el familiar. Esos momentos nunca son fáciles, pero la reciente cirugía de mi mamá poco tiene que ver con el tono gris de este escrito. Hay muchos otros factores que lo condicionan… que condicionaron el poco entusiasmo de muchos otros mexicanos, algunos jóvenes, como yo, otros, no tanto.

El tono gris es por México. Un México triste. Es triste pensar que ése es el México en el que vivimos; el México que tanto queremos; el México que nos ofrece ‘ilusiones fantasma’; el México al que queremos celebrar pero que nos hace llorar. El México de cuya libertad e independencia aún no hemos sabido hacernos responsables.

Desperté esa mañana cuando todavía el cielo estaba negro. Quizá era un 16 de septiembre. Quizá no. Una obscuridad similar a la de hace 200 años. No eran ni las siete de la mañana y yo ya estaba en la universidad. Bostezaba. Se me cerraban los ojos. Me daba hambre pero no comía. Una película en mi laptop y un juego en mi celular. Cuatro horas después entraba a mi única clase del día. Era en el salón de Laboratorio de Comunicación Periodística. Mi mente daba vueltas en temas que ni siquiera recuerdo. Durante dos horas leí periódicos estadounidenses buscando información sobre nuestros ‘festejos’ ante ojos extranjeros. Trabajé en equipo con Stephanie Goldberg y Fernanda Moreno. Redacté mi parte del ejercicio casi en automático.

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Se necesitan 5 días para ser mexicano

El 15 de Septiembre de 2010 será recordado por todos como el Bicentenario     de nuestra Independencia,  aunque para algunos con mayor vividez    que otros. En realidad el torbellino de euforia en el que todo el  país se veía    envuelto, comenzó, en el DF, un día antes… cuando anunciaron que la Ley  Seca se haría  efectiva desde el 15 hasta el día 17 por la noche, y todos  corrimos a las tiendas de autoservicio,  supermercados, tienditas de la  esquina y vinaterías a conseguir cuanto alcohol fuera posible, ya que es  más  que primordial tener a la mano (por lo menos)  una copita de tequila para  brindar a la hora de los ¡VIVA!

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Crónica Bicentenaria

Eran las 6 p.m. y como pocas veces yo me disponía a dormir anticipadamente para luego estar “fresca” para el festejo de la noche, siendo 15 de septiembre lo menos que podía esperar era desvelarme cantando canciones mexicanas, sí, caer en los clichés de la celebración de independencia siempre tiene un encanto especial. Esparaba poder ir al Zócalo a presenciar el desfile, los conciertos y el grito porque como nunca todo resultaba especialmente prometedor, sin embargo, el 14 de septiembre decidí de último minuto que lo mejor era asistir a la cena mexicana que mis padres estaban organizando; finalmente, todo indicaba que el centro sería un caos y ser parte de las 50 mil personas afortunadas de estar en el Zócalo era cuestión de estar ahí desde muy temprano, requisito que naturalmente yo no podría cubrir.

Imagen obtenida de: El Economista

Así pues, a las 7:30 salí de mi casa ya resignada a pasar un buen rato atorada en el tráfico, que para mi sorpresa fue casi inexistente, llegué a casa de mis padres y esperé paciente a que llegara el resto de la familia para comenzar a disfrutar de un buen pozole acompañado de tostadas. Y bien, muy buena cena con el televisor encendido para seguir minuto a minuto el desfile y estar lista para gritar ¡Viva México! al unísono de todos los que teníamos el corazón acelerado de emoción.

Y aunque siempre me he sentido feliz de ser mexicana no pude evitar exhaltar el sentimiento en tal ocasión, y sí, estoy muy consciente de la problemática que el país vive, pero creo que si algo nos identifica como mexicanos es justamente el ánimo, ya hemos visto varias veces que aun con las tempestades hacemos todo lo posible por aligerar la carga, menos mal ¿no?

Terminó el 15 de Septiembre, dormí unas horas y desperté temprano para ir a ver el desfile, desde un edificio en Paseo de la Reforma, fui testigo de una excelente producción que como pocas veces me dejó un muy buen sabor de boca.

El hecho es que festejé de la mejor manera y sentí asombro y emoción con todo lo que pude ver, y más cuando la celebración se presentó como una importante oportunidad de recordar porqué me gusta tanto mi país, porque tengo la ilusión de verlo cada vez mejor y que por supuesto, como el mexicano no hay dos.

“Bicentenario”: 200 años de carencia

"México en decadencia"

Por Juan Pablo Ganem

El 15 de septiembre de 2010 los mexicanos celebramos el Bicentenario de la Independencia del país y el Centenario de la Revolución Mexicana. Pero, ¿por qué celebramos?, ¿cómo lo vivimos? A continuación presento a detalle mi sentir en contra de esta festividad y el por qué debíamos omitirla.

Si me preguntaran ¿cómo es que viví el bicentenario de la “independencia” de México?, yo diría que lo hice obligado por mis amigos y parientes que insistieron en hacer una pequeña reunión en casa de mi novia. Podrán darse cuenta que escribí la palabra bicentenario con una ‘b’ minúscula. Desde mi punto de vista, muy visceral, no considero que sea algo que debiéramos haber festejado con tanta pasión. También pueden percatarse que coloqué el término independencia entre comillas. A partir de ello me surgen diversos cuestionamientos: ¿Qué festejamos?, ¿qué significa ser mexicano?, ¿acaso en algún momento de esos 200 años de “independencia” ha prevalecido la democracia en el país?, ¿por qué festejar el inicio y no la consumación de la misma?, ¿quién consideró prudente el festejo del bicentenario en relación con el contexto de crisis que vivimos actualmente en el país (violencia, narcotráfico, crimen, inseguridad, desigualdad económica, etc.)?

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México Distrito Federal a 15 de septiembre de 2010.

Por: Mayte Lara Ruiz.

Hoy me encuentro repleta de emociones a causa de la fiestas patrias que más tarde saturarán la de Ciudad de México. Me encuentro entre las calles del Centro de  Coyoacán, el cual ya comienza a celebrar desde temprano con música tradicional y ofrece a los visitantes  incontables atracciones para festejar una divina velada. Fui arrastrada a este sitio colorido porque a decir verdad soy una persona sumamente orgullosa de mi país y amo a mis hermanos mexicanos; a pesar de nuestros defectos, los cuales han sido resaltados en las  portadas de los periódicos internacionales, creo infinitamente en la posibilidad de una revolución y de la construcción de un México nuevo.

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