“Bicentenario”: 200 años de carencia


"México en decadencia"

Por Juan Pablo Ganem

El 15 de septiembre de 2010 los mexicanos celebramos el Bicentenario de la Independencia del país y el Centenario de la Revolución Mexicana. Pero, ¿por qué celebramos?, ¿cómo lo vivimos? A continuación presento a detalle mi sentir en contra de esta festividad y el por qué debíamos omitirla.

Si me preguntaran ¿cómo es que viví el bicentenario de la “independencia” de México?, yo diría que lo hice obligado por mis amigos y parientes que insistieron en hacer una pequeña reunión en casa de mi novia. Podrán darse cuenta que escribí la palabra bicentenario con una ‘b’ minúscula. Desde mi punto de vista, muy visceral, no considero que sea algo que debiéramos haber festejado con tanta pasión. También pueden percatarse que coloqué el término independencia entre comillas. A partir de ello me surgen diversos cuestionamientos: ¿Qué festejamos?, ¿qué significa ser mexicano?, ¿acaso en algún momento de esos 200 años de “independencia” ha prevalecido la democracia en el país?, ¿por qué festejar el inicio y no la consumación de la misma?, ¿quién consideró prudente el festejo del bicentenario en relación con el contexto de crisis que vivimos actualmente en el país (violencia, narcotráfico, crimen, inseguridad, desigualdad económica, etc.)?

Pretendo ser sincero, no soy ni erudito ni sabelotodo. Si intentara contestar a las preguntas anteriormente propuestas, lo haría desatinadamente. Podré tener cierta noción de las repuestas, pero no son más que interpretaciones de mi joven experiencia académica y de vida. Sin embargo, considero fundamental que todos los mexicanos o quienes así se nombren, se hagan las mismas preguntas antes de gritar: “Viva México”, “Vivan los Héroes que nos dieron patria”, etc. De lo contrario y se los firmo, no estamos más que reproduciendo el discurso de unos cuantos, de una élite que estableció que debíamos festejar nuestra “independencia”. Si somos precisos,  la primera constitución del México independiente fue la de 1824, en el lapso de 1810 a 1824 (periodo plagado de incertidumbre) la constitución vigente fue la de Cádiz, es decir, en teoría legislativamente seguíamos dependiendo de España; siendo esto así deberíamos haber festejado el bicentenario dentro de 14 años.

Ahora, si nos remitimos a la historia política del país, a grandes rasgos podemos observar que en México la democracia se ha reducido a una lucha por el poder. Los primeros 66 años del México “independiente” se caracterizan por una constante inestabilidad política: primero la instauración de un imperio, después vendría una intensa lucha entre liberales y conservadores, posteriormente otro imperio, y por último cuando los liberales salieron victoriosos, su principal representante (Benito Juárez) infringió el principio elemental de su ideología: la no reelección.

Desgraciadamente la pelea por la “silla” no culminó ahí. Tras la debacle de Juárez, apareció otro supuesto liberal, que terminó convirtiéndose en dictador por un lapso de tiempo mayor a treinta años. Cuando parecía que la democracia por fin triunfaría tras una guerra civil (“Revolución”), se presentó una nueva dictadura, sólo que esta vez en lugar de descansar sobre una persona lo hizo sobre un único partido político.

Cerca del final de la década de 1980, se presentó el primer intento de transición democrática, pero las elecciones se vieron oscurecidas por el poderío del partido hegemónico. Fue hasta el  año 2000, con el triunfo de Vicente Fox, que se produjo ese “cambio” en las instituciones de gobierno.

Nuevamente esa transformación se encuentra actualmente truncada por la lucha de intereses “políticos” en las diferentes instancias del Estado, constantes disputas entre los partidos dentro del Congreso de la Unión y de estos mismos con el poder Ejecutivo. Podríamos decir, que a diferencia de lo que Marx afirmaba acerca de que la lucha de clases genera la dinámica social, en México es la lucha de las clases políticas lo que ha determinado el desarrollo del país. Por consiguiente cuando el pasado 15 de septiembre salimos a las calles y plazas públicas o nos reunimos en casa de amigos y familiares, lo hicimos para celebrar 200 años de contiendas políticas y enfrentamientos de intereses de un grupo limitado de personas que llamamos “gobernantes”.

Regresemos al panorama actual de México: guerra vs el narco e inseguridad. Hoy en día se ha vuelto cotidiano escuchar, observar o leer noticias acerca de asesinatos, secuestros y crímenes relacionados con el narcotráfico. Quienes somos conscientes de la situación caótica en la que nos encontramos inmersos como nación (no sólo por el narco, sino también la carencia de un proyecto integral como país y de instituciones políticas, culturales, sociales y económicas que puedan otorgar respaldo a los ciudadanos), sabemos o eso quiero creer, que festejar el bicentenario representa una insensatez. Generalmente se festejan las victorias, díganme ustedes: qué ganamos o en qué nos superamos como país en estos 200 años de independencia que más bien han sido de carencia.

Les quiero compartir que no faltaron quienes me criticaron: “que antipático eres”, “obvio hay que festejar”,  “no estamos de acuerdo contigo”,  “Ay, ¡bájale!”, etc. Lo más triste es que fueron personas con estudios de licenciatura o en proceso de obtener el título. Imaginen, si ni siquiera aquellos que poseen acceso a educación de nivel superior pueden reflexionar, qué demonios nos espera como país. Si su deseo es festejar, adelante, sólo que piensen antes de hacerlo, tomen conciencia de su entorno, de su sociedad y su situación actual.

Como miembro activo de la sociedad mexicana –y lo dejé en claro al principio del escrito– yo sí festejé, pero no lo hice por “México”, simplemente por el esparcimiento que significaba la reunión con mis amigos.

En la siguiente frase defino lo que considero significa ser mexicano: Individuo destinado a ser usado por el Estado como instrumento de poder en la consecución de sus intereses.  Para quien me conteste diciendo que soy “malinchista” o antimexicano”, yo les digo: “antimexicano tú que te conformas con lo establecido por las instituciones del Estado”.

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One response to this post.

  1. Posted by Papá on septiembre 20, 2010 at 6:13 pm

    Muy querido hijo:

    Gracias por compartirme tus comentarios y puntos de vista. En general, pienso y siento igual que tú, en el sentido de que, LOS MENOS NACIONALISTAS, COMPROMETIDOS CINICOS Y FARSANTES, han sido quienes ocupan el gobierno, desde SIGLOS ATRAS. Aprovechan los “reflectores” para parecer los “próceres y defensores” de la Patria, cuando, en la realidad, son todo MENOS ESO. En situaciones de conflicto, desastres, carestía, etc., etc., JAMAS sufren las consecuencias. JAMAS se dan cuenta de la REALIDAD. Los niveles y círculos en los que se mueven, están LEJANISIMOS, en “El Nirvana”.

    El cambio, no vendrá de ellos. Cada uno de nosotros, con nuestra forma de ser (procurando que sea la mejor) lo “detonaremos”. En la medida en que cada uno cambiemos, se dará el gran cambio.
    Tambien es cierto que ¡DEBEMOS HABLAR Y CRITICAR MENOS Y ACTUAR MAS!

    Un fuerte abrazo.

    Papá

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