Entre Gritos de Fiesta y Libertad


Este 15 de septiembre de 2010 el ambiente era diferente, era el Bicentenario de la Independencia de nuestro querido México  y el Centenario de la Revolución, mucho que festejar.  Sin embargo, estoy seguro que cuando planearon todos los festejos que se tenían para esta importante fecha de nuestra historia no se tomó en cuenta el ambiente de miedo que se vive en nuestro país.  Pero esta era la oportunidad perfecta para ahuyentar al miedo que todos teníamos cerca y festejar como sí nada ocurriera, por lo menos por unas cuantas horas.

Debo confesar que ir a la Delegación más cercana se había convertido en toda una tradición de mi persona, la cual se veía fuertemente amenazada, ya que había escuchado a muchas personas hablar sobre posibles atentados en donde hubiera grandes masas.  Pero a la hora de la verdad, el 15 al salir de mi casa para dirigirme a la clase de periodismo me percate de que había policías de la SSP y agentes encapuchados en cada una de las esquinas de mi casa, lo cual me dio una sensación de tranquilidad. Lo cual ayudó fuertemente para que decidiera tomar la decisión de ir a la Delegación, como romper la tradición que tantos años me ha costado acuñar.

Al  llegar a la Delegación, todo era mucho más grande y cuantioso que en años pasados, había lo triple de puestos de comida y dos ferias de juegos mecánicos.  Al igual que había más puestos, había más gente; lo cual me ponía un poco de nervios, porque por más que uno quiera decir, como crees que algo va a pasar, uno nunca puede estar seguro sí esta corriendo algún tipo de peligro o no. Yo sé que sí hubiera escrito estas palabras, hace 5 o 10 años, la gente me hubiera dicho LOCO, que tenía delirios de persecución pero hoy en día estas palabras suenan como algo común, algo que todo mundo podría opinar o sino lo dice al menos lo piensa.

Sin embargo, todo salió muy bien en la Delegación, el pozole estaba muy bueno al igual que los juegos mecánicos de la feria. El grito no lo dimos en la Delegación, sino que regresamos a nuestro hogar dulce hogar a ver por televisión que es lo que estaba ocurriendo en el Zócalo de nuestra ciudad. Después de que el grito concluyó, fue momento de partir a casa de uno de mis amigos y amanecer festejando con unos buenos gritos de fiesta y patriotismo.

Fue un 15 de septiembre lleno de espectacularidad, pero con un miedo muy grande presente que no dejo que ocurrieran las usuales salidas a Cuernavaca o Acapulco, como suele ocurrir en estas fechas. Pero la violencia en estas zonas ha hecho que la gente deje de asistir por el miedo a aparecer colgado o decapitados en algún puente o playa.  Simplemente me gustaría decir que esperó que el próximo año podamos festejar como se debe, sin tener un sentimiento de miedo que haga que muchos tengamos miedo de estar en lugares con una gran cantidad de personas pero más que nada que tengamos un sentimiento real de festejo, que no solo festejemos porque es 15 de septiembre de nuevo, sino porque sea un muy buen año que nos de razones para festejar, como en mucho tiempo no lo hemos hecho. Necesitamos recuperar ese sentimiento…

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