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Se necesitan 5 días para ser mexicano

El 15 de Septiembre de 2010 será recordado por todos como el Bicentenario     de nuestra Independencia,  aunque para algunos con mayor vividez    que otros. En realidad el torbellino de euforia en el que todo el  país se veía    envuelto, comenzó, en el DF, un día antes… cuando anunciaron que la Ley  Seca se haría  efectiva desde el 15 hasta el día 17 por la noche, y todos  corrimos a las tiendas de autoservicio,  supermercados, tienditas de la  esquina y vinaterías a conseguir cuanto alcohol fuera posible, ya que es  más  que primordial tener a la mano (por lo menos)  una copita de tequila para  brindar a la hora de los ¡VIVA!

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Viviendo el Bicentenario

Por Stephanie Goldberg

Vivir el bicentenario una oportunidad única en cien años, todos esperamos vivir un centenario más pero en caso de no ser así la experiencia no se repetirá, no seremos testigos de un evento nacional de esta magnitud.

Festejos del Bicentenario

Eran las 830 pm, estaba en mi casa haciendo tarea, sonó mi celular, eran mis amigas querían saber si me animaba a acompañarlas a una fiesta que organizaban un grupo de familiares para festejar el bicentenario y estar todos juntos. Acepte, no tenía nada que perder. Sigue leyendo

Crónica Bicentenaria

Eran las 6 p.m. y como pocas veces yo me disponía a dormir anticipadamente para luego estar “fresca” para el festejo de la noche, siendo 15 de septiembre lo menos que podía esperar era desvelarme cantando canciones mexicanas, sí, caer en los clichés de la celebración de independencia siempre tiene un encanto especial. Esparaba poder ir al Zócalo a presenciar el desfile, los conciertos y el grito porque como nunca todo resultaba especialmente prometedor, sin embargo, el 14 de septiembre decidí de último minuto que lo mejor era asistir a la cena mexicana que mis padres estaban organizando; finalmente, todo indicaba que el centro sería un caos y ser parte de las 50 mil personas afortunadas de estar en el Zócalo era cuestión de estar ahí desde muy temprano, requisito que naturalmente yo no podría cubrir.

Imagen obtenida de: El Economista

Así pues, a las 7:30 salí de mi casa ya resignada a pasar un buen rato atorada en el tráfico, que para mi sorpresa fue casi inexistente, llegué a casa de mis padres y esperé paciente a que llegara el resto de la familia para comenzar a disfrutar de un buen pozole acompañado de tostadas. Y bien, muy buena cena con el televisor encendido para seguir minuto a minuto el desfile y estar lista para gritar ¡Viva México! al unísono de todos los que teníamos el corazón acelerado de emoción.

Y aunque siempre me he sentido feliz de ser mexicana no pude evitar exhaltar el sentimiento en tal ocasión, y sí, estoy muy consciente de la problemática que el país vive, pero creo que si algo nos identifica como mexicanos es justamente el ánimo, ya hemos visto varias veces que aun con las tempestades hacemos todo lo posible por aligerar la carga, menos mal ¿no?

Terminó el 15 de Septiembre, dormí unas horas y desperté temprano para ir a ver el desfile, desde un edificio en Paseo de la Reforma, fui testigo de una excelente producción que como pocas veces me dejó un muy buen sabor de boca.

El hecho es que festejé de la mejor manera y sentí asombro y emoción con todo lo que pude ver, y más cuando la celebración se presentó como una importante oportunidad de recordar porqué me gusta tanto mi país, porque tengo la ilusión de verlo cada vez mejor y que por supuesto, como el mexicano no hay dos.