Posts Tagged ‘violencia’

La información que queremos

Por Fernanda Moreno

Información: ¿qué? ¿cuándo? ¿por qué? ¿para qué? y ¿cómo?… ¿CÓMO ESPERAMOS RECIBIRLA?

Parece ser que cada vez más, la información es una de las armas más poderosas con las que se puede contar pero, entre esa ausencia de cierta información o el constante bombardeo de la misma, es normal que se sienta confusión y que resulte complejo determinar la forma en que esperamos enterarnos de situaciones de trascendencia general.

En lo que a nuestro país respecta, hay un bombardeo continuo de información referente al narcotráfico y la “guerra” que desde el comienzo de la presidencia de Felipe Calderón se emprendió. Es posible que la sociedad esté entrando a un periodo de hartazgo, pero también está incrementando su nivel de demanda de información, de todo esto se derivó un cuestionamiento importante para mí: ¿Cómo esperamos que sea la información que recibimos todos los días?

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Irréversible: un minuto que muere en sesenta segundos

Por Daniel Pradilla de Bedout…

“No hay reloj que dé vuelta hacia atrás.”

-Ricardo Arjona

Caos. Vivimos en el desorden.  En lo confuso. Tanta confusión provoca que se nos olviden las cosas. Entonces recordamos. Entonces, quizás, comenzamos a considerar el valor del recuerdo. Todas estas ideas se agolpan en mi mente al evocar una película y preguntarme por qué causó en mí una impresión tan profunda y por qué permanece tan presente en mi pensamiento a pesar de que han pasado ya cuatro años desde que la vi por primera vez. Irréversible comienza en un infernal presente y se va creando camino hacia el inalcanzable pasado. La pregunta obligada. La pregunta que todos tenemos en mente. La pregunta del recuerdo. La pregunta del desastre. La pregunta de la melancolía. La pregunta irreversible: “¿Qué hubiera pasado si…?”

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El periodismo de cara a la violencia

Entender el periodismo y todo lo que con él converge no es nada sencillo, sobretodo si tomamos en cuenta la época de extrema violencia que estamos viviendo. El trabajo del periodista está tomando, como nunca antes, un riesgo importante que bien vale la pena analizar.

Para comprender la labor del periodista mexicano en nuestros días, los alumnos del departamento de comunicación de la Universidad Iberoamericana, liderados por la profesora Regina Santiago, nos dimos a la tarea de analizar el día a día del periodista, a través de las vivencias de Fabiola Guarneros, subdirectora editorial del periódico Excélsior.

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09/11: Indignación y miedo

Terror, miedo y desconfianza, ¿qué tan familiares nos resultan estas palabras después de haber vivido en 2001?

De forma inevitable, 2001 fue un año que cambió el curso del mundo en muchos aspectos, fue un año de desagradables sorpresas; en mí caso el 2001 representa la transición de una vida fuera de preocupaciones, a un sentimiento permanente de inseguridad e incertidumbre.

Recuerdo el 11 de septiembre como un día nublado en el Distrito Federal, yo tenía sólo 11 años y mi mayor preocupación aquel día era mi primera práctica en el equipo de natación de la escuela, así había sido hasta que aproximadamente a las 10:30 de la mañana, una profesora entró al salón con una expresión de angustia que nunca había visto en ella, nos pidió que encendiéramos la televisión porque acababa de ocurrir algo terrible, la maestra Lupita encendió la televisión y sin tener que cambiar el canal ya estábamos viendo movilizaciones, una cantidad exorbitante de humo, patrullas, ambulancias, gente; muchas cosas a la vez que a primera vista ni mis compañeros de clase ni yo pudimos comprender. Miramos el canal 2 pero extrañamente estaban transmitiendo noticias estadounidenses, los locutores de Televisa se dedicaban a traducir lo que los reporteros  que se encontraban en el lugar iban narrando, mientras traducían lo que estaba sucediendo sus voces se escuchaban entrecortadas, entonces empezó a ser muy obvia la gravedad de la situación. Recuerdo bien a mi maestra diciéndonos “esto es extraño y muy grave, niños, aún no se sabe bien qué fue lo que sucedió, pero si realmente fue un atentado terrorista, las cosas no mejorarán mucho”; esa frase quedó grabada en mi memoria y la reviví muchas veces después con las cosas que siguieron sucediendo.

Toda esa tarde fue confusa y me mantuve en alerta, llegué a pensar en lo que podría pasar en México, estando tan cerca y tan relacionados con Estados Unidos; a partir de ese día todo fue distinto. Aun me cuesta trabajo entender que se cometan actos como aquel del 11 de septiembre de 2001.

El atentado que cambió el curso del mundo sucedió desde las 08:46 hasta las 10:28 de la mañana, tiempo de Nueva York: cuatro aviones, dos de American Airlines y dos de United Ailines fueron secuestrados por células yihadistas presuntamente pertenecientes al grupo extremista Al Queda, dos de los cuatro aviones chocaron directamente contra ambas torres gemelas del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, otra en la esquina del edificio del Pentágono en Washington DC y el último que no alcanzó ningún objetivo debido a que los tripulantes lograron frustrar el ataque directo contra otra edificación, sin embargo, se estrellaron en un campo abierto en Shanksville, Pensilvania; los cuatro ataques en conjunto resultaron en una cifra total de 3,017 muertos, incluídos 24 desaparecidos y los 19 terroristas.

Imagen obtenida de: TV Camaguey

Por desgracia, mi maestra Lupita, tenía razón y las cosas no mejoraron, los atentados terroristas del 11 de septiembre trajeron consigo una confrontación religiosa, cultural, económica, política y militar entre Estados Unidos y medio oriente; tropas en Afganistán, en Irak, todo justificado siempre por tratarse de una lucha contra el terrorismo, y de acuerdo a esto, me parece obvio que a terror se responde con terror, tristemente.

Soy mexicana, aún así, sentí la desgracia de un país entero con el que además, ha existido una confrontación cultural durante décadas; cualquier sentimiento de aversión hacia Estados Unidos, fue poca cosa para México cuando vimos pasar tal tragedia, el mundo enteró se solidarizó con los estadounidenses y sintió indignación con los actos terroristas que hicieron un cambio total en todo el globo.

Responsabiliad social e integridad periodística.

Por Jimena Albert

Siempre es reafirmante poder discutir los temas de interés con las personas que los dan a conocer. Primordialmente, cuando nos envuelve una nube de incertidumbre sobre lo que pensamos que creemos y aquello que nos gustaría conocer más a fondo. Pocas veces nos preguntamos sobre la manera que tiene la luz de brillar sobre las mentiras y sobre las personas que dirigen el reflector en la dirección de la verdad.

Detrás de la situación que se vive hoy por hoy en México, existen personas que fungen como pilares de la cordura de la nación, y no son precisamente los encargados de mantener la paz, sino los encargados de difundirla.

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Promotores del terror: responsabilidad ambigua

por Daniel Pradilla de Bedout

Considero acertado empezar esta reflexión citando al tío de Spider-Man: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Los medios tienen una responsabilidad social, y si jugamos con la idea de que “información es poder”, entonces considero que los criterios editoriales deben ser capaces de distinguir esa línea que separa a un medio responsable de otro que se convierte en “títere” y herramienta del crimen organizado. Los medios deben ser capaces de manejar esa responsabilidad de informar; sabemos que se necesita informar, pero hay que saber cómo informar.

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¿Y quién modera a los moderadores?

De un tiempo para acá se ha vuelto cosa cotidiana la práctica de las narcoejecuciones en estados como Michoacán, Morelos y en general, el norte de nuestro país. De alguna manera, los mexicanos hemos aprendido a formarnos una coraza de entre humor, morbo y desazón, e incluso, en algunos casos, de indiferencia o despreocupación por no estar directamente con los sucesos comprendidos entre el narco, las autoridades y la población.
Sin embargo, lo que realmente es preocupante, es el tinte sangriento que han adquirido las páginas de nuestros periódicos y revistas, los gritos escondidos entre las letras de las crónicas que narran e ilustran horrendos sucesos que se han mimetizado con la naturalidad con la que se vive en México.

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