¿FANATISMO=ENFERMEDAD?


Por Juan Pablo Ganem

“Ser un aficionado de los Pumas supone la construcción y la expresión de una compleja identidad y de una visión ideal de la sociedad”

(Roger Magazine, 2008: 18 y 19)

 

Fanático

Muchas veces hemos escuchado el término fanatismo y en los últimos años solemos atribuirlo a los deportes, especialmente al más popular de ellos, el futbol. La concepción general del fanático dictamina que es aquel que se excede y hasta cierto punto podría ser considerado un enfermo y al mismo tiempo un mal para el mundo del deporte.

 

 

 

 

 

Miguel Ángel Lara, DT del Nochistongo

En lo último coincidió Aldana Perazzo, estudiante de Comunicación y editora del diario deportivo en Internet, “Medio Tiempo”,  cuando afirmaba que ser fanático significaría llevar la pasión hasta un punto en que se convierte una obsesión o enfermedad. Por su lado Miguel Ángel Lara, académico de la Universidad Iberoamericana, piensa de manera similar, al decir que el fanatismo se encuentra íntimamente relacionado con una fe ciega que puede confundir al público y provocar acciones impulsivas. Igualmente Lara, afirmó que el fanático “es un no pensador, alguien que no piensa y es manipulado y al mismo tiempo un manipulador de las situaciones a conveniencia de lo que se piensa que puede ser correcto”.

Lara señaló que, históricamente,  el fanatismo ha sido entendido desde un punto de vista religioso. Si acaso es cierto que el futbol en la actualidad es la nueva religión podríamos hacer alguna absurda comparación al afirmar que los dioses de las nuevas sociedades son los jugadores y los clubes sus respectivas iglesias.

Lo crean o no en este mundo existen personas que confían ciegamente en sus equipos de futbol como sí estos fueran los portadores de la verdad absoluta y la respuesta a todos sus problemas cotidianos. Una vez me decía Humberto Morales, miembro de la barra del Borussia Dortmund, que al igual que las religiones, el futbol otorga a sus “feligreses” un sentimiento utópico, es decir, un ideal que va más allá de los objetos mundanos.  En este caso no sería el dios el que te motiva a actuar o no sobre ciertas circunstancias, serían los colores y el emblema histórico del club.

Humberto, miembro de la Sudtribüne

 

“Echte Liebe” (amor puro), Sudtribüne

Para comprender el futbol visto como una religión, debemos considerar las características esenciales en la construcción de un imaginario colectivo. Roger Magazine habla de ello en un estudio realizado al interior de la porra de los Pumas de la UNAM. Él se refiere a la construcción de ideales grupales, en este caso él titula es proceso como “pumatización”, es decir, es “una reunión de individuos, cada uno con su propia voluntad, que proporciona una atmósfera ideal para la expresión libre que surge del corazón” (Magazine, 2008: 94). El estadio y el entorno del futbol significan un espacio de libertad de expresión y reunión para los jóvenes. De acuerdo con Magazine, “el futbol provee un lugar donde los individuos pueden pasar tiempo con otros y compartir la misma visión ideal y la preferencia por una particular forma de ser” (Magazine, 2008: 95).

Los fanáticos del futbol acuden a los estadios para desligarse de su vida diaria e involucrase en nuevas realidades donde todos pueden formar parte de una ideología unificada en los colores de un club determinado.

El poder que ha ganado el futbol sobre las religiones convencionales podría atribuirse a los fallos históricos y la lejanía de los ideales predicados por éstas. Los jugadores, si bien son elevados al rango de celebridades, son personas reales y sus hazañas son observables y tangibles. Algunos académicos  han tocado el tema  del vacío que la religión ha dejado en la vida del ser humano.

Manuel Vázquez Montalbán escribió que los deportes “se han convertido en fenómenos de masas porque han tenido divinidades prodigiosas capaces de convertirse en mitos contemporáneos que, a diferencia de los mitos clásicos, han sido seres comprobables, de los que nos llega su aura, pero también su fotografía” (Vázquez, 2006: 16).

En su obra, Norbert Elias  y Eric Dunning hablaron acerca del vacío que la religión ha dejado en la vida del ser humano y cómo es que el deporte la ha reemplazado: “para ciertos grupos de la sociedad el deporte se ha convertido en una actividad cuasi religiosa y que ha venido a llenar el vacío dejado en la vida social por el declive de la religión” (Elias y Dunning citados en Alcaide, 2009: 88).

Lara confirmó esto en una entrevista que le realicé hace algunos días, donde me respondía que los huecos dejados por la religión han sido aprovechados por el futbol, cuyas raíces se han asentado en la mente de los espectadores.

Ahora, -¿el fanatismo es malo o bueno?- Hay quienes consideran que existen dos tipos de fanatismo: uno sano y otro extremo o loco. Por su parte, otros creen que de entrada hablar de fanatismo es referirnos a una actitud extremista. Sin embargo, antes de plantearnos la existencia de fanáticos locos, debemos estudiar algunas posturas y perspectivas de la sociología.

Existen una serie de autores que ha estudiado al deporte desde dichos tendencias, entre ellos están Taylor y Clarke, Peter Mash y Konrad Lorenz. Los primeros dos aseguran que los grupos marginales que buscaban una escapatoria a través del futbol, han visto amenazados sus ideales con la creciente comercialización e institucionalización de su pasión. Acerca de esto, Vázquez dijo: “tal vez las masas se han inventado una manera de participar y comulgar que implica rituales más atractivos que el de las religiones o las formaciones políticas verdaderas y que pertenecen a la esfera de lo cotidiano” (Vázquez, 2006: 29).

Alejandro Pérez, estudiante de Comunicación

Para Alejandro Pérez y Humberto Morales, ambos estudiantes se consideran fanáticos de sus respectivos clubes, creen que el fanatismo posee dos facetas, una donde el individuo lo demuestra con el “amor puro” a su equipo y otra donde se le utiliza como  medio de escape, que es cuando el fanatismo se convierte en violencia.

A esto Aldana Perazzo contestó que el fanatismo en sí puede ser entendido como una enfermedad y que la gente debe saber medir su pasión. Por su parte, Lara, quien en años pasados fue un aguerrido fanático incluso llego a pelearse con seguidores de otros equipos,  fue contundente cuando confirmó que desde que eres un fanático ya caíste en el exceso.

La cuestión no gira en torno a si existe un fanatismo malo y uno bueno. No podemos pretender juzgar las actitudes de los individuos sin observar el historial psicosocial de cada uno de ellos. El futbol ha demostrado su capacidad de construir fuertes vínculos de unidad entre los miembros de una misma comunidad.

Hoy en día,  las “barras bravas” cobraron el papel que otras instituciones han descuidado. En las diferentes etapas de la historia, los jóvenes marginados de las grandes ciudades, encontraron en el futbol una forma de vida que les ofrece un sentido de pertenencia y de identidad que no han encontrado en otro lugar. José Manuel Costa afirmó lo siguiente: “el futbol es una metáfora de lo social y lo político en una ciudad marcada por hitos únicos e improbables” (Costa, citado en Alcaide, 2009: 119).

Costa realizó una investigación en Liverpool, Inglaterra, donde pretendía entender la pasión que existe en tal ciudad por el club de futbol local. Durante la Segunda Guerra Mundial, dicha ciudad se vio inmersa en una fuerte crisis económica y fue aquejada por problemáticas raciales. En su obra, Costa, enfatizó en la importancia que tuvo el Liverpool Football Club en la reunificación de la comunidad de aquel lugar. Actualmente,  los lazos de identidad construidos entre los aficionados al Liverpool y la propia institución, son tan fuertes que el lema oficial de los primeros es “You’ll Never Walk Alone” (nunca caminas solo), es simplemente responder: tú estuviste ahí cuando te necesité ahora yo te apoyaré hasta la muerte.

A lo que voy es que es prudente considerar la importancia simbólica que cobran los colores de un equipo en la mente de las personas o fanáticos. La construcción de un grupo o barra implica la existencia de ciertos ideales sociales compartidos. Cuando el colectivo ve amenazados sus intereses responde de diversas maneras, una de ellas puede ser la violencia.

Ahora, -¿cuál es el papel de los medios de comunicación en la formación del fanatismo?-. Aluna vez leí de Pablo Alabarcés,  que el periodismo deportivo es un “factor fundamental en la elaboración y transmisión de imaginarios sociales y, por tanto, en la formación de identidades colectivas diversas”. A partir de ello yo me preguntaría qué tanto el fanatismo actualmente refleja sentimientos verdaderos de pertenecía y vínculos entre las  personas, y hasta qué grado estas aficiones no son construidas por los medios masivos de comunicación.

En esta discusión una vez más nos encontramos con dos posturas contradictorias. Para Pérez y Perazzo los medios si pueden llegar a influir en las decisiones de las personas pero finalmente la afición por los clubes se traspasa por tradición familiar de generación en generación y se manifiesta  por la fidelidad de aquellos que asisten a los estadios.

Como estudioso del deporte, Miguel Ángel Lara, planteó una visión más crítica,  para él “los medios construyen el fanatismo por su propia ignorancia, por su capacidad de hablar, verborrear, descalificar y construir escenarios falsos”.

Yo soy de la idea de que el fanatismo en el futbol  más que ser una enfermedad es una negación de la realidad y del contexto socio-cultural, un escudo que el individuo se forja para protegerse y sentirse integrado a un grupo con supuestas ideologías compartidas. Es el reflejo de una forma de comunidad social en un mundo vertiginoso carente de identidad. El sentimiento puede cobrar una faceta negativa cuando los “ideales” construidos por el grupo se ven amenazados por situaciones externas, que pueden ir desde una simple derrota de su equipo hasta la banalización de su valores por parte de la industria de la cultura, de la cual pésele a quien le pese forman parte constitutiva, porque finalmente el futbol es espectáculo y negocio, y los fanáticos son su mercado.

Es malo cuando cae en la violencia o la obsesión, como dijo Alejandro Pérez en una de las entrevistas, hay quienes podrían cambiar de pareja pero nunca cambiarían de equipo, eso no es más que el reflejo del exceso en el que podemos caer si no tomamos en cuenta todas las implicaciones que el deporte tiene como actividad inherente al ser humano. Los medios deben trabajar conjuntamente en la construcción de nuevos contenidos basados en estudios sociales del deporte y que puedan otorgar un criterio a los espectadores, y no enaltecer la figura de los deportistas profesionales ni de los clubes, que finalmente son humanos con defectos y que no deben ser ejemplos conductuales para la sociedad.

El fanatismo podría constituirse con un bien explotable a favor del bien común de los grupos humanos. Los vínculos de pertenencia y el amor que predican los fanáticos por una determinada institución, pueden ser encaminados en la construcción de proyectos culturales, académicos y educativos en los jóvenes. Con ello no insinuó que la pasión por el futbol se desvanezca porque sin afición éste no se puede sustentar pero sí es necesario cambiar de canal de vez en cuando y entender que el futbol no lo es todo en la vida.

Sí las campañas publicitarias de ciertos productos de consumo insisten en que el futbol nos unifica a los mexicanos, porque no trasladar esa unidad y motivación eso a la resolución de los problemas que aquejan al país. El deporte es un medio por el cual podemos entender el comportamiento del ser social y un espacio donde se pueden potencializar habilidades, valores y cualidades que podrían transformarnos para bien. Yo apasionado del futbol, te digo que hay cosas más importantes en la vida que patear un balón. Como diría Eduardo Galeano: “el futbol es lo más importante de las cosas menos importantes”.

Construyamos un fanatismo sano practicando nosotros mismos el deporte. Fomentemos un fanatismo a México y no al espejismo del  futbol mexicano y  sus falsos ídolos. Traslademos la única fidelidad que posee el mexicano a otras esferas de acción.  Hagamos del fanatismo una cura y no una enfermedad.

Bibliografía recomendada:

  • Fútbol: La religión en busca de un Dios. Manuel Vázquez Montalbán. 2006
  • Fútbol: Fenómeno de Fenómenos. Francisco Alcaide Hernández. 2009
  • Azul y Oro como mi corazón: Maculinidad, juventud y poder en una porra de los Pumas de la UNAM. Roger Magazine. 2008
  • Futbologías: Fútbol, identidad y violencia en América Latina. Pablo Alabarces. 2005

 

 

Extracto del audio de las entrevistas

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